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Mi profesora de tipografía y por qué uso IA para diseñar webs

Mi profesora de tipografía dibujaba las letras a mano. Hoy uso IA para diseñar webs, y esto es lo que creo que debe hacer la herramienta y lo que no.

Mano escribiendo letras cursivas con pincel y tinta negra sobre hojas de práctica de caligrafía

Un día, en la clase de tipografía de la universidad, mi grupo y yo nos estábamos quejando de lo mucho que tardábamos en elegir la tipografía de un proyecto que teníamos que presentar. Nuestra profesora, que nos escuchaba, se quedó mirándonos con cara de no entender nada.

Nos contó que cuando ella empezó a estudiar, todo se hacía a mano. Cuando llegaron las primeras computadoras tenían unas diez fuentes, y si querías un diseño especial te tocaba dibujar la letra, carácter por carácter, cuidando que todo fuera coherente. Nuestro problema era el contrario: teníamos tantas opciones que elegir se había vuelto un trabajo en sí mismo.

Me acuerdo mucho de esa conversación últimamente, porque cada vez que hablo de usar inteligencia artificial para diseñar webs aparece la misma pregunta, a veces dicha y a veces no: ¿y eso no te hace menos diseñadora?

Lo que creo que habría hecho mi profesora

Pienso en ella cuando apareció Google Fonts, y después los cientos de catálogos de fuentes gratuitas y de pago. Después de años dibujando letras a mano, ¿habrá decidido seguir haciéndolo por purismo? Me cuesta creerlo. Y no creo que nadie piense que usar un catálogo la convirtió en menos diseñadora. Le devolvió tiempo para lo que de verdad importa: elegir la letra que cuenta mejor la historia de cada proyecto.

Para mí la IA es eso mismo, una vuelta más de la misma historia. No voy a dejar de ser diseñadora por usarla. Lo que cambia es en qué parte del proceso pongo el esfuerzo.

Dónde se rompe la comparación

Hay una diferencia que me parece importante y que no quiero esconder. Google Fonts te daba más opciones, pero la decisión seguía siendo tuya; ningún catálogo elegía por ti. La IA, si la dejas, decide. Te propone textos, estructuras y diseños completos, y es tentador quedarse con lo primero porque se ve bien.

Ahí es donde creo que se separan los caminos. Una web que se ve bien no es lo mismo que una web que funciona (ya escribimos sobre eso). Y la IA, por sí sola, no sabe la diferencia, porque no conoce al negocio ni a quien le compra.

Así que mi regla es simple: la IA hace el trabajo operario y el criterio lo pongo yo.

¿Qué significa diseñar una web con inteligencia artificial?

Para mí, diseñar una web con inteligencia artificial significa usar la IA para acelerar la parte operativa del proceso, como ordenar información, generar variantes de diseño o revisar detalles técnicos, mientras las decisiones de estrategia, contenido y diseño las sigue tomando una persona con criterio. La herramienta cambia; lo que define el resultado sigue siendo quién decide y con qué criterio.

Cómo la uso yo

Se entiende mejor con ejemplos que con teoría, así que estas son las tres cosas en las que más me ayuda hoy.

Ordenar la información del cliente

Durante años, lo que más frenaba un proyecto no era el diseño: era el contenido. Y no porque a los clientes no les importara. Es que quien tiene un negocio está pensando en hacerlo funcionar, no en redactar los textos de su web. Lo que me llegaba era información valiosa pero suelta: notas, audios, un PDF viejo, cosas dichas en una reunión. Ordenar todo eso podía llevar meses. Más de una vez me dijeron «inventa algo y después lo relleno», y ese después nunca llegaba.

Hoy junto todo lo que me entregan y lo que hablamos en las reuniones, y uso la IA para darle estructura y convertirlo en un contenido pensado para que la web venda. Después lo reviso yo y se lo paso al cliente para que confirme que dice lo que tiene que decir. No inventa nada: ordena lo que el negocio ya sabe de sí mismo. Es el cambio que más se nota en los proyectos.

Proponer diseños más rápido

Antes de abrir cualquier herramienta hago mi propia búsqueda de inspiración y mi propio análisis: a quién le habla la web, qué tiene que entender alguien en los primeros segundos, qué necesita tener para que funcione. Con eso claro, la IA me ayuda a convertir esas ideas en propuestas de diseño mucho más rápido de lo que podía antes.

Lo que sale es un punto de partida, nunca una entrega. Lo depuro y lo pulo hasta que responde a lo que analicé. Y aquí es donde más se nota el criterio: saber leer al cliente, saber qué debe tener una web para ser efectiva y saber cómo pedírselo a la herramienta. Si no sabes qué necesita una web, la IA tampoco lo va a saber por ti.

Revisar lo que se escapa antes de publicar

Hay errores pequeños que se cuelan con facilidad y no son poco importantes. Dos ejemplos: dos H1 en la misma página, que desordena la jerarquía que buscadores y asistentes de IA usan para entender de qué trata; o dejar activado el «noindex» en una web que ya está en vivo. Esa instrucción sirve mientras la web está en construcción para que Google no la muestre, y si se queda después del lanzamiento, la web existe pero no aparece en los resultados de búsqueda.

Uso la IA como una segunda revisión encima de la mía. No en lugar de ella.

Lo que no le dejo decidir

Hay cosas que no delego en ninguna herramienta, y no por principio sino porque la IA no tiene cómo saberlas: qué es lo primero que tiene que leer el cliente de ese negocio al entrar, a quién le habla y con qué tono, qué se queda fuera, y si un diseño representa de verdad a esa marca o solo se ve bonito. Eso sale de conversar con la persona que tiene el negocio y de hacerle las preguntas correctas. Ninguna herramienta las hace por mí.

Menos operaria, más creativa

Mi profesora no dejó de ser diseñadora cuando dejó de dibujar cada letra a mano. Yo tampoco dejo de serlo por usar IA. Lo que cambió es dónde va el esfuerzo: antes se iba en ordenar, en montar, en repetir; ahora va en decidir. Y decidir bien era, desde el principio, lo que hacía que un diseño funcionara.

Si te interesa ver cómo se traduce esto en un proyecto, en la página de diseño web está explicado cómo trabajamos cada web.

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