No sé tú, pero yo prefiero contratar a alguien que no tiene web antes que a alguien que tiene una web increíblemente mala. Lo digo trabajando en diseño web, así que entiendo que suene raro. Pero lo pienso de verdad, y creo que vale la pena explicar por qué.
Lo que una web mala dice de ti
Quien no tiene web todavía no me ha dicho nada. Puede estar en redes, puede tener buenas opiniones en Google Maps, puede llegar por recomendación. No me sobra ni me falta información para confiar; simplemente aún no la tengo.
Pero cuando alguien tiene una web con errores de ortografía, con textos copiados y pegados de cualquier lado o con bloques puestos a los golpes, sí me está diciendo algo. Me habla del cariño que le tiene a lo que hace y del criterio con el que trata las cosas delicadas. Y si eso es lo que muestra en la parte que todo el mundo ve, no sé qué esperar de la parte que no veo.
Me ha pasado como cliente (y también al revés)
Me ha tocado recibir correos de profesionales que manejan temas delicados con errores de ortografía, errores de tipeo o un copia y pega tan evidente que se nota desde la primera línea. Y no puedo evitarlo: si no se preocupó por mandar bien un correo, ¿cómo le confío algo que de verdad importa en mi vida?
Lo digo sabiendo que yo también lo hice. Mas de una vez he cometido errores tontos pero importantes en las webs que he hecho (ya no tanto). Me lo han hecho notar y seguramente perdí clientes por eso, los mismos que se fueron con quien sabía escribir, con quien hablaba bonito, con quien tenía una web bien diseñada. Es parte de aprender. Pero el cliente que se fue no está esperando a que una aprenda.
¿Es obligatorio tener una web para que te encuentren?
No. Hay negocios que funcionan muy bien sin web: con redes sociales, con una ficha de Google cuidada y opiniones reales, o con la recomendación de sus propios clientes. Si hoy no tienes web, no tienes un problema; tienes una decisión pendiente.
Lo que sí creo es esto: la web es la parte de tu presencia que controlas por completo. En redes, el formato lo pone la plataforma. En Google Maps, los demás escriben por ti. En tu web decides tú qué se dice, cómo y en qué orden. Por eso, cuando está mal hecha, el daño también es tuyo por completo.
¿Cuándo una web hace más daño que bien?
Cuando lo que muestra contradice lo que el negocio quiere transmitir. Errores de ortografía, textos genéricos o copiados, imágenes pixeladas, enlaces que no llevan a ningún lado, secciones a medio terminar. Cada uno de esos detalles es pequeño, pero juntos cuentan una historia, y no es la que querías contar.
No hace falta una web grande para evitarlo. Hace falta una web cuidada, aunque sea de una sola página. Una web sencilla y bien hecha, como las que armamos con Web Express, dice mucho más de un negocio que una grande y descuidada.
Si la vas a hacer, hazla bien
Una web no es obligatoria para que te vean. Pero si decides hacerla, hazla con el mismo cuidado con el que atiendes a un cliente, porque para quien llega a ella, esa web eres tú.
Y si no es el momento, no pasa nada. Cuida tus redes, tu ficha de Google y tus correos. Cuando llegue el momento de la web, que valga la pena.